Publicación Original: Revista Los Heroes

Al mismo tiempo que surge una nueva conciencia sobre la importancia de la alimentación, el marketing enarbola el concepto de superalimento: aquellos cuya extraordinaria densidad nutricional fomentan la salud física y mental. Pero no hay para qué ir a Asia a desenterrar mangostinos o plantas de ginseng, muchos superalimentos se disponen semanalmente en la feria local y son coherentes con las necesidades nutricionales de nuestro clima. Aquí, una guía para consumirlos al alcance de la mano y para todos los bolsillos.

En la historia de Adán y Eva, no es solo un símbolo cuando ella le ofrece a él, su par y único ser humano presente, lo mejor que tenía: una manzana. El valor de escoger alimentos con poderosos nutrientes nunca ha sido solo cuento. Por generaciones, las familias chilenas hicieron de las verduras, frutas y hierbas medicinales la fuente de buena parte de su dieta. Gracias a la educación y a políticas públicas exitosas, la desnutrición fue desapareciendo de manera radical en el Chile de la segunda mitad del siglo XX, hasta que en los años 90 llegaron las comidas chatarra y con ellas nuevos desbalances alimenticios. Hoy, frente al batallón de un virus que no da tregua, toma aún más fuerza la necesidad de apoyarse en una alimentación sana.

Ahí es donde entra el concepto de “superalimentos”. ¿Pero de qué se trata esta comida con supuestos superpoderes? “Son frutas, verduras, semillas, legumbres, hortalizas y algas que contienen una alta concentración de antioxidantes, grasas saludables, vitaminas y minerales. Su gracia es que con poca cantidad obtenemos muchos nutrientes para fortalecer el cuerpo, la mente y regular las emociones”, dice desde las orillas del lago Llanquihue el doctor Pedro Silva Jaramillo, neurólogo, internista, quien atiende pacientes online desde China hasta Estados Unidos y preside la Sociedad Chilena de Medicina Natural. Por su parte, su colega internista y nutrióloga María José Escaffi, jefa del Departamento de Nutrición y Vida Saludable de la Clínica Las Condes, reafirma que los superalimentos no son solo moda: “Creo que este concepto llegó para instalarse. Hay mucho en nuestra área de nutrición que es pendular. Pasa con el huevo, la leche, las fuentes proteicas o ciertas dietas. Pero la verdad es que los superalimentos tienen propiedades destacadas, aportan cantidades importantes de nutrientes, antioxidantes y fitoquímicos. Muchos forman parte de la comida diaria y han sido utilizados durante miles de años”.

Desde la Vega Central, Arturo Guerrero, la voz oficial de sus locatarios, confirma que los productos de este listado que recomiendan Silva y Escaffi “están al alcance de todos los bolsillos, con disponibilidad a granel, lo cual facilita consumirlos en su estado natural, sin conservantes y frescos”, dice. Silva Jaramillo afirma que, aparte de consumir estos alimentos, un punto central son las combinaciones en las comidas: las frutas deben consumirse solas. Las hojas verdes van juntas y revueltas. Las legumbres son plato fuerte y los cereales corren al lado, sin mezclarse. Y, si el plato combina todos los colores del arcoíris, sin duda cumple con el lema de Hipócrates, el padre de la medicina moderna: “Que tu alimento sea tu medicina”.

Las vitales acelgas
La doctora Escaffi detalla sus propiedades: “Estas parientes de la remolacha son ricas en potasio, sodio, fósforo, hierro, vitamina A y C. Sus hojas contienen pigmentos antioxidantes y una potente presencia de betacaroteno y vitamina C que, sumados al hierro y cobre, dan fuerza y vitalidad a los pacientes anémicos. Los huesos y la sangre se alimentan con su abundancia de magnesio y calcio, lo que la convierte en un buen sustituto de lácteos. Tiene vitamina A, que repara la piel, el cabello, las uñas y fortalece la vista. Los mismos beneficios aplican a las espinacas. Y como dice la sabiduría popular: ‘Una porción de espinacas al día otorgan 11 años de juventud al cerebro’, y es por su alto contenido en vitamina K, que favorece la salud mental”.

La zanahoria, sana-olla
“Esta raíz es rica en fibra y elementos vitalizantes del sistema neurosensorial”, explica la jefa del Departamento de Nutrición de la Clínica Las Condes. “Con su gran concentración de vitaminas A y complejo B, combate los daños producidos por el estrés. Rica en potasio, fósforo y sodio, restaura los nervios y tonifica mentes cansadas. Su betacaroteno fortalece las uñas, el cabello y mejora la calidad de la leche materna.
Crudas, mejoran el riego sanguíneo bucal, fortaleciendo encías y barriendo con las bacterias atrapadas entre los dientes. Su flúor reduce, igual que las manzanas, la aparición de caries”.

El aceite de oliva,
lubricante para el esqueleto “El aceite de oliva es armero, relojero (de digestión) y curandero”. La doctora Escaffi recoge este conocimiento antiguo: “Las sabias abuelas lo aplicaron como eficaz remedio para patas de gallo y resequedad de manos, codos y cabello por ser rico en antioxidantes y antibacteriano. Hoy se usa para controlar el colesterol malo. Una cucharadita al día fortalece el trabajo cerebral y reduce riesgo de diabetes, osteoporosis y artritis reumatoide. De noche, facilita el tránsito intestinal y mejora el sueño. Contiene hormonas que aportan una sensación de saciedad, por lo que también se usa en dietas adelgazantes”.

La fuerza de los porotos, las lentejas y los garbanzos
“Al ser ricas en vitamina B6, A y C, fortalecen los huesos. Su alta concentración de minerales como el potasio, el hierro y el zinc ayudan a estabilizar las emociones, favoreciendo la salud mental. Además, están cargadas de hierro, calcio y magnesio, y son proteína de gran valor biológico. Las legumbres tienen el don de poca grasa y mucha fibra. Se potencian en compañía de algas marinas como cochayuyo y luche, excelentes fuentes de yodo y hierro”, afirma Escaffi.

Mágica manzana roja
El doctor Silva Jaramillo alude su fama legendaria: “Parecen de cuento, pero es verdad que las rojas está llenas de súper poderes: concentran vitaminas, carbohidratos y antioxidantes. La cáscara lleva fibra y ácido ursólico para atajar el desgaste muscular. Sus carbohidratos y vitaminas realizan tareas múltiples: barre el aparato digestivo, favorece la digestión, neutraliza la acidez estomacal, purifica el hígado, quema grasas, higieniza la sangre, regenera y nutre el sistema nervioso. Como si fuera poco, a mordiscos refresca el mal aliento”.

La quínoa real
“Este grano diminuto no es ni cereal ni legumbre. Su aporte nutritivo es tan valorado, que antiguamente se reservaba para gobernantes y sacerdotes. Es la única planta que contiene todos los aminoácidos y vitaminas esenciales, por lo que destaca, como pocos, en proteínas y fibras. Sus complejos hidratos de carbono son una alta fuente de energía y, como no tiene gluten, sirve en dietas celíacas”, asegura Silva Jaramillo.

Chocolate: mientras más negro, mejor
“Cuanto más cacao tenga, más aporta a los sistemas cardiovascular y nervioso central con antioxidantes y fibra”, explica el doctor Silva Jaramillo. “Estos aumentan la feniletilamina (un neurotransmisor que provoca alegría), y los niveles de dopamina (la hormona de la felicidad); lo cual explica, en parte, su fama como afrodisíaco y eficaz antidepresivo. Solo la textura del chocolate sobre la lengua estimula la producción de endorfinas, de efecto calmante. Además, el cacao aumenta la producción de neurotransmisores reguladores del ánimo como la serotonina, otra hormona que interviene en el alivio de estrés”.


Aguante, cochayuyo y luche
Destacan por su gran cantidad de aminoácidos esenciales, especialmente la cistina, un eficaz desintoxicante del organismo. Pedro Silva Jaramillo los recomienda en dietas para el control de peso, “por su alto aporte energético con bajos componentes grasos. Su riqueza en yodo acelera el metabolismo y la fibra retiene líquido en el aparato digestivo, por lo que reducen el apetito. Ambas algas son muy beneficiosas para personas con problemas respiratorios, ya que la L-cisteína, otro de sus componentes, ayuda a eliminar mucosidades. También alivian las enfermedades de la piel, por su riqueza en azufre y aporte en calcio, yodo, oligominerales y vitaminas C y E; todos nutrientes que, además, ayudan a retrasar el envejecimiento”.