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Lo que los científicos habían buscado por años, fármacos que demostraran una pérdida de peso importante en personas obesas, ya son una realidad. Algunos están a la venta en Chile con excelentes resultados y otros aún bajo estudio arrojan datos prometedores. Eso sí, no son una fórmula mágica, advierten los expertos, ya que funcionan mejor junto con una reducción de calorías y ejercicio físico. Por otro lado, su alto costo sigue siendo una barrera.

Por Janina Marcano

Un medicamento eficaz para tratar la obesidad ha sido por años el anhelo de médicos y un objeto para científicos.
Aunque estén intervenciones eficaces para derribar esta enfermedad, como a cirugia bariátrica, no todos los pacientes son candidatos a ella por su grado de obesidad, además de que muchos les temen a los riesgos del quirófano.

Y el problema es que la patología va en aumento. En Chile, se calcula que más del 60% de la población
tiene algún grado de sobrepeso u obesidad.

Así, los médicos que se dedican a tratar la obesidad habían tenido que trabajar con algunos pacientes según
cambios en la dieta e indicación de ejercicio, en muchos casos sin éxito.

Pero eso está cambiando. Todo, gracias a una nueva generación de fármacos que ha demostrado ser capaz de impulsar pérdidas de peso importantes en los distintos grados de obesidad.

Una Herramienta

“Antes contábamos con muy poquitas herramientas; había que decirle al paciente ‘coma menos y muévase más”, pero esto no es viable, porque la obesidad es una patología compleja, y es en el contexto que nuevos fármacos están ayudando”, dice María José Escaffi, nutrióloga de Clínica Las Condes y directora del Diplomado en Obesidad de Universidad Adolfo Ibáñez.

Según la experta, estos inovadores medicamentos actúan a través de varios mecanismos,

que van desde regular conductas nocivas asociadas a la alimentación y que llevan a comer
demás hasta interferir en los niveles de apetito.

Este último es justamente uno de los blancos de Saxenda, un fármaco inyectable que contiene el principio
liraglutida y que ya se vende en Chile. Su función es ralentizar el vaciamiento gástrico.

“Esto es que el alimento permanece más tiempo en el estómago y la sensación de hambre se reduce, pero además optimiza la secreción de insulina”, explica Escaffi.

Y añade: “Al igual que varios fármacos nuevos para bajar de peso, fue diseñado para la diabetes tipo 2 y
luego se vio que servía para obesidad en dosis más altas”.

Saxenda luce como una especie de lápiz y tiene una aguja en la punta. Para aplicarlo, los mismos pacientes se inyectan de forma subcutánea con la dosis recetada.

Eliana Reyes, nutrióloga de la Clínica Universidad de los Andes y directora de la Asociación Chilena de
Nutrición Clínica, Obesidad y Metabolismo, explica que en tres meses se puede perder hasta el 7% del peso
con este medicamento.

*Lo cual es muy bueno para un medicamento contra la obesidad. Normalmente se receta a |mdcnlus
con mucho apetito y dificultad para saciarse”, comenta Reyes.

Verónica Irribarra, nutrióloga del Centro de Tratamiento de la Red de Salud UC Christus, hace un balance similar. “A la mayor parte de los pacientes les va muy bien, tanto que incluso algunos te dicen que comían mucho y ahora no son capaces de terminar un plato grande”, cuenta Irribarra.

De hecho, los resultados positivos de Saxenda llevaron a la Administración de Drogas y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) a aprobar su uso en adolescentes en diciembre pasado.

Con ello, la inyección se convirtió en la tercera opción que tienen los jóvenes de ese país que bus
can tratar este problema. Esto, aparte del orlistat y la fentermina, otros fármacos más antiguos, pero que tienen resultados menos potentes y más efectos adversos.

En Chile, el uso de Saxenda en este grupo aún no está autorizado, aunque los expertos creen que el
pase podría darse pronto, ya que no ha mostrado efectos adversos serios en adultos.

En Comprimidos

Otra terapiía que los médicos del país han empezado a utilizar y que de igual forma ha demostrado ser eficiente es la mezcla de dos medicamentos, bupropión y naltrexone, los cuales en conjunto impulsan
una pérdida de peso de entre un 5% y un 7% en tres meses, según la doctora Reyes.

Una de sus ventajas es que ambas medicinas se venden en comprimidos. “Ha resultado ser una muy buena alternativa para los pacientes que tienen mucha impulsividad al comer, que picotean bastante y sienten mu
cho apetito, ya que lo controla y ayuda con otros problemas de conducta alimentaria”, agrega.

La eficacia de esta combinación fue evaluada en varios ensayos clínicos internacionales en los que participaron 4.500 pacientes, quienes fueron tratados durante al menos un año.

Al final, el fármaco demostró, en promedio, impulsar la pérdida de al menos 5% del peso corporal en
las primeras semanas.

Más recientemente, a inicios del mes pasado, otro fármaco arrojó resultados prometedores que sor-
prendieron a los especialistas.

Tras realizar un estudio con casi 2 mil personas en 16 países, investigadores de la U. de Northwestern (EE.UU.) descubrieron que el principio semaglutida se asoció con una pérdida del 15% del peso corporal tras utilizarlo por poco más de un año, en comparación con la baja de 2,4% del grupo placebo.

Al igual que la liraglutida, esta es una medicina inyectable que ya se utiliza para tratar la diabetes,

Trabajos anteriores con menos participantes ya habían sugerido su eficacia para la obesidad, pero la magnitud del nuevo estudio es una buena confirmación de ello, según dicen las expertas,

“Nos pareció un trabajo muy potente y prometedor, considerando la cantidad de participantes y que
demostró ser útil al usarlo una vez a la semana. Eso ya es más amigable para los pacientes”, comenta la
doctora Irribarra.

Debido a los hallazgos, Reyes cree que la aprobación de la FDA y luego del Instituto de Salud Pública (ISP), para usarlo en Chile en el control de esta patología, podría anunciarse pronto.

“Creo que el hecho de que sea una molécula conocida ayudará a eso”, dice.

Otra buena noticia es que varios estudios están explorando su uso oral en adultos, asegura Irribarra.

En esta misma línea, el laboratorio estadounidense Lilly está probando la pastilla tirzepatida. Los datos preliminares ya arrojaron una reducción del 11% del peso corporal después de diez meses de tratamiento, un ha llazgo “espectacular” a juicio del grupo investigador,

Las expertas aclaran, eso sí, que estos fármacos podrían generar efectos adversos.

En el caso de la liraglutida, la semaglutida y el tirzepatida, estos serían de tipo intestinal, como náuse
as o diarrea, asegura Escafli.

Los que actúan sobre la conducta alimentaria podrían generar aumento de la frecuencia cardíaca e
insomnio. (Las expertas concuerdan en algo: esta nueva generación de medicamentos está siendo un
gran aporte, pero aún es pronto para confiarles al 100% la pérdida de peso de todos los pacientes con obesidad, dado que aunque tengan buenos resulta dos también muestran limitaciones (ver nota relacionada).

¿Una Solucion Perfecta?

Pese a los avances, las especialistas coinciden y son enfáticas en que la solución a la obesidad no debiera dejarse únicamente en manos de fármacos.

La razón es que estos no son una fórmula mágica: incluso los de nueva generación funcionan a su 100% solo en combinación con una dieta saludable y ejercicio físico. Las expertas aclaran que todos los estudios donde estos se han probado han sometido a los pacientes a una restricción de calorías y a la actividad física,

“Son una parte importante del tratamiento, pero uno diría que sí tienen el mismo peso que la dieta y el ejercicio”, dice Reyes.

La doctora Escaffi opina: “La obesidad es una enfermedad multicausal, lo que implica que debemos mejorar la alimentación, hacer actividad física y buscar profesionales que ayuden a solucionar la causa real del problema”.

Otra limitación de estos nuevos medicamentos tiene que ver con su precio. El Saxenda, por ejemplo, cuesta en Chile 200 mil pesos en el formato de tratamiento para un mes y con dosis bajas.

La mezcla de bupropión y naltrexone, en tanto, puede costar 90 mil pesos mensuales.

“La dosis de semaglutida para la diabetes cuesta hoy unos 180 mil pesos, pero la que podría ser aprobada para obesidad es mayor, por lo que su precio se elevaría aún más para los pacientes”, advierte Irribarra.
Y cuenta: “Muchos llegan muy entusiasmados y luego se dan cuenta de que no pueden pagarlos”.

La doctora Reyes explica que el alto costo puede estar asociado a varias razones: “Son nuevos y, por tanto, el paciente está pagando la investigación que hubo detrás. Además, al ser inyectables su conservación supone mejores empaques que ayuden a la conservación. Sin duda, es un tema a resolver”, puntualiza.