Desórdenes Alimentarios: Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y Obesidad (O) en la tormenta de COVID-19

Poco hemos hablado sobre los TCA durante este difícil período que estamos atravesando y este artículo analiza ambas enfermedades, invitándonos a una reflexión inmediata sobre cómo abordarlas durante esta pandemia y en miras de generar estrategias de “salida” para preparar el regreso a una “normalidad” tan esperada, ya que, a pesar del estrés que puede generar el aislamiento social, hay personas que ya acostumbradas a él, presentarán problemas para retomar sus actividades habituales.

Queda clara la relación negativa entre la obesidad y COVID-19, vista retrospectivamente, pero no nos hemos detenido a analizar el componente conductual de quienes la padecen y el recrudecimiento de los desórdenes alimentarios en época de aislamiento social y riesgo de enfermedad (con todas las complicaciones asociadas, incluída, la muerte).

Considerando que son tres los pilares que definen el estado de salud como un “bienestar físico, mental y social” nos damos cuenta de la amenaza que esta pandemia significa para cada uno de nosotros, amenzándonos en estos tres pilares.

Durante esta pandemia se ha llevado al límite a los sistemas de salud y al sistema económico, que han tenido que hacer frente a una catástrofe de proprociones impensadas. La mayoría de las unidades de emergencia y varios servicios en hospitales y clínicas de los países afectados, fueron llenados por pacientes con infección por SARS-CoV, restringiendo el lugar para brindar asistencia a otro tipo de patologías, a lo que se suma el temor a infectarse, lo que en muchos casos ha llevado al retraso en el diagnóstico y tratamiento de las patologías “no COVID”.

Por ejemplo, en hospitales de EE. UU., hubo una disminución de aproximadamente un 39% de pacientes que recibieron evaluaciones por accidente cerebrovascular agudo durante la pandemia. Por otra parte, COVID-19 ha expuesto dolorosamente las desigualdades al acceso a la salud existentes a nivel mundial, demostrando que en nuestras sociedades, tiene mayor impacto en la vida de las personas que viven o enfrentan circunstancias socioeconómicas difíciles.

Tanto la pandemia como la crisis económica pueden tener un impacto desproporcionado en los segmentos más vulnerables de la población, lo que puede provocar un aumento de la desigualdad y de las brechas ya existentes.

En todos los países, aunque con diferentes intensidades, el llamado distanciamiento social, con políticas de restricción de desplazamientos y las restricciones de actividades económicas no esenciales representan el enfoque comúnmente utilizado para evitar la propagación del virus. Como seres humanos, siempre acostumbrados a interactuar socialmente, estas medidas impactan también, con inevitables consecuencias psicológicas en muchas personas.

PACIENTES PORTADORES DE TCA Y OBESIDAD EN LA TORMENTA POR COVID ‑ 19

Las personas con trastornos de la conducta alimentaria/obesidad (TCA/O) representan un grupo de personas que, más allá de lo médico o características psicológicas típicas de cada enfermedad, tienen en común una significativa fragilidad.

De manera similar a las personas de edad avanzada, los pacientes con TCA y O se caracterizan por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas, secundarias a otras enfermedades asociadas. En general, las personas con TCA/O, presentan:

1. Malestar psicológico relacionado con la enfermedad, con sus consecuencias y comorbilidades.

2. Problemas médicos como resultado de conductas alimentarias y desequilibrios metabólicos.

3. Problemas sociales como consecuencia de TCA/O, de la discapacidad física secundario a ellos y de la disfuncionalidad que éstas provocan en las familias afectadas.

Por lo anterior, es probable que el COVID-19 afecte más intensamente a personas portadoras de TCA y obesidad. Se describe una mayor patogenicidad viral, provocando un síndrome respiratorio severo agudo, relacionado con COVID-19, como consecuencia de una función inmune disminuída y/o de un ciclo de mala adaptación a la  inflamación en personas con obesidad.

En personas con desnutrición también se observa una mayor vulnerabilidad por COVID-19, pero el impacto en pacientes con anorexia nerviosa no está claro, ya que estos pacientes han demostrado un alto nivel de resistencia a los virus y algunas enfermedades.

Los brotes de la pandemia de COVID-19, y en particular las dificultades económicas y el distanciamiento social, han hecho que el acceso a la atención profesional sea más difícil, retrasando muchas veces el diagnóstico y el comienzo del tratamiento (es bien sabido que mientras más precoz se realiza, mejor pronóstico en estas enfermedades).

No podemos dejar de considerar que los pacientes con TCA y O muchas veces, ya están aislados tanto emocional como físicamente, y secundario a esta pandemia pueden haber experimentado un empeoramiento de los síntomas relacionados con vivir solos o confinados con sus familias, donde se produce una necesidad de control que podría estar exacerbada por la imprevisibilidad de la situación (por ejemplo, en anorexia restrictiva), mientras que la mayor facilidad de acceso a los alimentos durante la cuarentena, puede haber tenido consecuencias negativas en pacientes con atracones (por ej.bulimia nerviosa y trastorno por atracón).

En este período se ha observado una mayor dificultad en los pacientes para concretar sus comportamientos compensatorios (como actividad física, comportamientos de purga, etc) lo que suma complejidad en la regulación emocional pudiendo desencadenar episodios de atracones.  Estas situaciones pueden tener como gatillantes el contacto permanente con miembros de la familia que también están preocupados, en conflicto y controlando la evolución de la enfermedad.

Es bien sabido el riesgo de aumento de peso durante el distanciamiento social debido a la vulnerabilidad, el comer en exceso y el comportamiento sedentario.

Además de las consecuencias que esta pandemia está teniendo sobre salud pública, es importante considerar lo recién expuesto en conducta alimentaria. Además, diferentes publicaciones alertan sobre una posible mayor prevalencia de trastornos de estrés postraumático.

EL SILENCIO DESPUÉS DE LA TORMENTA

Al intentar volver a la normalidad, surge el problema de cómo hacerlo, y en particular, qué tan rápido hacerlo.

Es aquí donde los encargados de formular políticas públicas están llamados a considerar el equilibrio entre estos diferentes factores para minimizar y en lo ideal, evitar,  aumentar el impacto psicológico de esta pandemia.

Los investigadores y las sociedades científicas que se ocupan de TCA y Obesidad, deberán enfocar su quehacer en promover la investigación para evaluar correctamente el impacto en el estado psicológico y clínico del distanciamiento social y la exposición a esta enfermedad (COVID-19) y verificar si todos los diagnósticos e instrumentos terapéuticos en uso antes de la pandemia por COVID-19 mantienen su validez.

Finalmente, se sugiere la promoción en la capacitación para intervenir de manera efectiva en la preparación de los pacientes con TCA/O y sus familias a los cambios en el medio ambiente, en la promoción/supervisión de estrategias de autoayuda que han demostrado ser efectivas en algunos casos, y en el uso de teleterapia en particular para evaluar pacientes con TCA y O que también están lidiando con el estrés del aislamiento.

El profesional de salud, por lo tanto, deberá tener en cuenta las dificultades psicológicas, funcionales y también las económicas que puedan tener los pacientes.

Por esto a nivel local, nuestros alumnos de postgrado CLC-UAI (Diplomado Obesidad, Diplomado Conducta Alimentaria y Magíster) están en permanente actualización y aprendizaje durante la pandemia en curso, generando proyectos de intervención oportuna orientados a disminuir la brecha existente en salud, intentando intervenciones efectivas para ayudar a sobrellevar este período.