Dra. María José Escaffi F1., Dr. Jaime González P2., Dra. María José Mackenna R3.
1Médico Internista-Nutrióloga, Co-Director Magíster Conducta Alimentaria y Diplomado Obesidad CLC- UAI
2Médico, alumno Diplomado Obesidad CLC- UAI
3Médico Nutrióloga, alumna Magíster Conducta Alimentaria CLC- UAI

Este año, nos enfrentamos a una pandemia sin precedentes: COVID-19. Esto nos llama a buscar alternativas a la medicina clásica para intentar disminuir los efectos del contagio masivo y las muertes por COVID-19 a nivel mundial. Una tecnología que durante años venía proponiéndose, es la telemedicina (TM), que parece haber encontrado el momento para lanzarse al ejercicio médico de manera más generalizada, como un aliado importante para reducir nuevos contagios.

El Covid-19 ha desatado el miedo a un colapso sanitario. Éste es sin duda, uno de los principales problemas de esta pandemia. Sin su debida atención, miles de enfermos pueden fallecer. Las recomendaciones de distanciamiento y aislamiento social se hacen fundamentales para poder aplanar la curva de contagios y de esta manera poder dar respuesta y atención oportuna a las personas infectadas por Covid-19 que requieran hospitalización, cama crítica o ventilador mecánico, a la vez que asegurar la capacidad del sistema de salud para que otras patologías
clásicas de manejo hospitalario, como patología neoplásica, infarto agudo al miocardio y/o el accidente cerebrovascular, entre otros, puedan recibir un tratamiento oportuno, tal como habrían de recibirlo en “tiempos normales”.

La telemedicina (TM) tiene la capacidad de ofrecer a pacientes con diversas patologías, acceder al diagnóstico y tratamiento que necesiten, minimizando su propia exposición, la de otros pacientes y la del personal de salud. Además permite mantener el control de pacientes con enfermedades crónicas sin discontinuar terapias lo que podría beneficiar a corto y a largo plazo la salud de ese paciente considerando la pandemia en curso. Después de todo, la única enfermedad que se puede contraer con la utilización de la TM es un virus computacional.

Los planes de salud y los grandes empleadores en los Estados Unidos están ofreciendo hoy cobertura para servicios de TM. Aunque su uso ha aumentado en los últimos 2 a 3 años, las tasas de adopción entre los médicos siguen siendo bajas. En respuesta a la saturación actual del COVID- 19, los servicios médicos han llegado a renunciar a los copagos por visitas de TM para fomentar su uso. Una encuesta reciente demuestra que los pacientes están abiertos al uso de la TM, pero aún existen barreras:


1) En el momento de necesidad, muchos prefieren volver a la modalidad habitual presencial, por esta razón, se plantea como una herramienta más, que acerque al médico a su paciente en momentos específicos donde el acceso presencial esté limitado.

2) Los pacientes preferirán ver a su propio médico a través de TM en vez de encontrarse con uno desconocido.

3) Pacientes desconocen a la TM como una opción y no saben cómo acceder a ella.

Disminuir los costos y facilitar el acceso a la TM, permitirá incentivar su desarrollo durante esta pandemia. Ello considerando que su efectividad y seguridad ya han sido demostradas. La educación a la población acerca de la TM y la garantía en la cobertura de ésta por parte de los sistemas de salud, podrán lograr sobrepasar las barreras que existen actualmente para su utilización masiva; el objetivo: que ésta sea tanto o más conveniente para los pacientes que una atención clásica de salud y así la prefieran en momentos como el que estamos viviendo.

La TM puede ser utilizada como una herramienta para la atención ambulatoria en el manejo de pacientes con enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión, obesidad entre tantas otras. Más aún, durante un período en el que el distanciamiento social se hace imprescindible y de especial importancia en este tipo de pacientes debido a su mayor vulnerabilidad ante una eventual infección por Covid-19. A través de TM puede realizarse una rica exploración anamnéstica, además de una estimación del compromiso del estado general del paciente, a través de su fascie y otros métodos que el paciente puede realizar por su propia cuenta como la medición de temperatura.

Así lo demuestra una revisión sistemática de Cochrane del 2015, que comparó el impacto de la TM en el monitoreo de condiciones crónicas como diabetes e insuficiencia cardíaca congestiva. Contrastó para ello la atención presencial versus la atención a través de TM, no encontrándose diferencias significativas en los resultados obtenidos. Sin lugar a dudas, un nuevo y poderoso argumento a favor de esta nueva modalidad de atención médica ambulatoria. Otros investigadores fueron aún más allá, planteando que no sólo la atención ambulatoria puede ser abordada desde una atención médica no presencial. Estudios que relacionan la TM con los cuidados de pacientes críticos existen ya desde el año 2000, cuando Rosenfeld y colaboradores informaron el primer trabajo de investigación que evaluó la viabilidad del uso de la TM para el cuidado de
pacientes críticos. En dicho estudio, se reportó una disminución del 45% de la mortalidad intrahospitalaria, un 30% de disminución de mortalidad en las unidades de pacientes críticos (UPC) y una disminución de los días de hospitalización en camas críticas al utilizar el recurso de la TM con médicos y enfermeras intensivistas.

Un metaanálisis que evalúo la mortalidad de pacientes hospitalizados en UPC entre 1950 y 2010, comprobó que ésta era un 20% menor cuando se le asociaba TM. Asimismo, se observó una disminución significativa de los días de cama UPC, aunque no así del tiempo total de hospitalización..
Una serie de estudios que evalúan las ventajas de TM en UPC en comparación con el manejo habitual de UPC exclusivamente presencial están todavía en curso. Sin embargo, ya está disponible el reporte de Lilly y cols. que es un estudio multicéntrico que comprendió 120.000 pacientes, demostrando disminución de la mortalidad, duración de la hospitalización, o ambos.

Debe tenerse en cuenta que la TM en UPC es un modelo distinto de cuidado crítico que debe ser siempre integrado con la atención al lado de la cama del paciente, lo que constituye un modelo complejo que cambia el manejo de los pacientes en UPC. Sin embargo, existe evidencia creciente de que el manejo activo de pacientes críticos integrando el trabajo en conjunto de terapeutas presenciales más la telemedicina contribuye a mejores resultados de los pacientes.

Dado lo anteriormente expuesto, podemos concluir que ante esta desafortunada pandemia, aparece la necesidad y la oportunidad de configurar la infraestructura necesaria para entregar el cuidado de nuestros pacientes a través de la TM.

Resulta especialmente alentador el comprobar que una modalidad que todavía se está instalando en el mundo, pueda venir a suplir no sólo la atención ambulatoria, sino que pueda ser también una alternativa para mejorar la atención del paciente hospitalizado grave. Al término de esta pandemia, la TM se podrá seguir utilizando para entregar un cuidado conveniente y costo efectivo a los pacientes. De esta forma, estaremos ya preparados para la inevitable próxima enfermedad infecciosa de alcance mundial.

Bibliografía:
• Telemedicine in the Era of COVID-19 Jay Portnoy, MD, Morgan Waller, RN, BSN, MBA, and Tania Elliott, MD Kansas City, Mo; and New York, NY. J Allergy Clin Immunol Pract 2020; 2213-2198.
• Impact of Intensive Care Uni t Telemedicine on Outcomes Isabelle C. Kopec, MD. Crit Care Clin 35 (2019) 439–449 https://doi.org/10.1016/j.ccc.2019.02.002 0749-0704/19/