Siempre que me enfrento a un paciente, viene la pregunta “y ahora que como?… la verdad, esa respuesta cuesta bastante por dos motivos principales: no creo en las dietas (y la literatura me avala) y porque no soy nutricionista y son ellas quienes tienen el conocimiento en dietoterapia y la habilidad de apoyarnos en educación alimentaria para realizar buenas y concientes elecciones al momento de comer, para crear hábitos que duren toda la vida y no sea el “entusiasmo” del momento para luego reganar peso, caer en frustación, vergüenza por este supuesto “fracaso” e incluso dejar de consultar. Si me leen, verán por qué también la asistencia psicológica tiene un rol muy importante en el “éxito” de esta terapia y en la mantención.

Por otro lado, tenemos que aterrizar las expectativas tanto del paciente como del equipo y recordar que la evidencia demuestra que bajas de peso del 5 al 10% del peso inicial, tienen un impacto beneficioso en nuestra salud muy significativo (especialmente en riesgo cardiovascular y en el riesgo de desarrollar algunos cáncer)

Lo que pienso al leer “dieta” es restricción, pasarlo mal, control, “rendir prueba” y por estos días ese concepto, ha cambiado.

El rol de los médicos dedicados a metabolismo y a obesidad es el de acompañar, orientar y actuar como “coaching” en el proceso que además es multidisciplinario, considerando la multicausalidad de esta enfermedad.

Este estudio de la foto, es del 14 de febrero de este año (2020), y compara la efectividad de 14 dietas populares, programas para bajar de peso y el riesgo cardiovascular en adultos portadores de sobrepeso u obesidad.

Es una revisión sistemática y un meta-análisis de estudios randomizados donde se seleccionaron personas a partir de los 18 años y se analizaron los cambios en:

  • Peso corporal
  • LDL (un tipo de colesterol “malo”)
  • HDL (colesterol comunmente conocido como “bueno”)
  • Presión arterial sistólica
  • Presión arterial diastólica
  • PCR al mes 6 y al mes 12 (marcador de inflamación)

Como resultado del análisis de 121 estudios con 21.942 pacientes, concluyeron que a los 6 meses los pacientes con dieta “usual”, baja en carbohidratos y baja en grasas tenían un efecto similar en el peso corporal a los 6 meses con una reducción modesta de la presión arterial sistólica y diastólica.

Las dietas “moderadas”en macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) resultaron en ligeramente menor baja de peso y presión arterial.

Las dietas bajas en carbohidratos obtuvieron aún menor efecto que las baja en grasas en reducir el colesterol LDL.

De las dietas “con nombre” la de Atkins fue la que obtuvo mejor efecto en la reducción del peso corporal y en reducir la presión arterial comparado con la dieta DASH y Zone a los 6 meses, sin embargo, NINGUNA DIETA mejoró los niveles de HDL o PCR a los 6 meses.

Por otra parte, la baja de peso a los 12 meses disminuyó con todos los patrones de dieta, mientras que los beneficios en factores cardiovasculares de todas, desparecieron, EXCEPTO LAS DE DIETA MEDITERRANEA, que es la dieta que más me gusta y recomiendo!

Demósle una vuelta a este tema y dejemos de hablar de dietas… la dieta mediterránea no es sólo sobre los alimentos, y lo que recomiendo es un estilo de vida que incluye la comida en un ambiente tranquilo, relajado donde influye mucho caminar (movernos!) y obtener los alimentos de fuentes naturales, las proteínas ojalá de pescados grasos ricos en omega 3, lácteos y huevos (yogurt que además aportan probióticos), obtener las grasas de aceitunas y aceite de oliva, no “demonizar” los carbohidratos pero, preferirlos integrales, comer granos enteros y hasta tomar vino! (con moderación, por favor y de vez en cuando!!!)